EL CIRCO
A él no le gustaba el circo. Quizás por que cuando era pequeño, llegaban al lugar en donde vivía y al poco tiempo su perro, que tenía desde pequeño, al igual que otras mascotas de los alrrededores desaparecían misteriosamente.
Siempre se dijo que al llegar un circo a cualquier lugar, perros, gatos u otro animal de cuatro patas, servían de alimento a tigres, leopardos y leones. Era el único niño del barrio que no se acercaba a la gran carpa de los circos cuando se instalaban en los baldíos vecinos. Aparte de sentir adversión por los mismos, se irritaba por su presencia, ya que ocupaban los terrenos en donde él y sus amigos jugaban todas las tardes después de llegar del colegio. Al caer la noche, desde su casa se divisaban las luces multicolores que adornaban la lona circense, y la brisa nocturna golpeaba en sus oídos trayendo los sonidos de las risas de otros niños y la banda de música, que marcaba el comienza de una nueva función.
Cerraba su ventana y ponía su almohada sobre su cabeza para no escuchar nada. Pensaba en su mascota, fiel compañero, y aunque no tuviera ninguna prueba adivinaba que había servido de alimento a los felinos, para que estuvieran calmos a la hora de entrar en la jaula con el domador.
La vida siguió su curso. Pasaron los años y siempre su rechazo a los circos siguió vigente, como también, el recuerdo de su cachorro y su decepción de niño al no encontrarlo jamás.Siguió viviendo en el mismo lugar en donde había crecido, aunque ya era solamente un solitario. La mujer conque se había casado, junto con sus hijos lo abandonó tiempo atrás y nunca los volvió a ver. Estaba irremediablemente marcado a perder sus afectos. Antes en su infancia, ahora de adulto. Pero tenía que seguir adelante y esforzarse para sobrevivir. Para completar su rosario de frustaciones le faltaba solamente una perla y ya la tenía. Había perdido su trabajo. Luego de días de pensar que podía hacer encontró la solución. En una tarde del mes de junio, ya entrado el verano, la carpa multicolor de un circo se levantaba cuan alta desafiando al cielo, en el mismo predio como hace años lo venían haciendo. Al correr de los días, las funciones se venían sucediendo una tras otra. Y los felinos entraban en la jaula del domador calmos y sin apetito. La solución a su falta de trabajo, aunque momentánea consistía en recoger todo perro, gato u otro animal que estuviera en los alrrededores, para vendérselos al domador y que alimentara a sus fieras.
Aunque a él no le gustaba el circo.-
Job-2009

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